Quito Fest 2017: qué pasó

  • Autor de la entrada:
  • Categoría de la entrada:Arte & Gente

El sábado 5 y domingo 6 de agosto se vivió la 15va edición del Quito Fest en el parque Itchimbia, esta vez con la novedad de que no era gratis.

Una vez que anunciaron el precio por día al festival ($30 en preventa), la respuesta del público fue un indicio de lo que sucedió el fin de semana pasado. Las quejas y comentarios de una audiencia que se creía con el derecho de gratuidad explotaron en amenazas de un “NO ASISTIRÉ” público en las redes sociales.

Según el diario El Comercio, Diego Garrido, el director de Global Shows (empresa organizadora) esperaba alrededor de 28,000 personas, de las cuales asistieron 7,000 en los dos días de festival. ¿A qué se debe la baja asistencia como respuesta a lo que vendieron como un fuerte cartel?

Los organizadores se enfrentaron a un público acostumbrado a no pagar por un festival que en previas ediciones ha presentado buenas e importantes propuestas. Se enfrentaron a una concepción de que un festival es “más barato” porque generalmente los que se dan en la ciudad son con bandas locales y les pagan mucho menos. 

Fundación Música Joven y Global Shows no estaban bajo la obligación de entregar un show gratis, pero perdieron enormes números de asistencia. Puede ser que dieron por sentado el poder de convocatoria del “Quito Fest” sin preocuparse de que el nombre, para muchos, era sinónimo de buen entretenimiento gratuito y rock, rock.

Puede que quisieron quedarse con el nombre y la gente que lo sigue, pero intentaron transformar 14 años de tradición en una emulación a la forma y el sistema de festivales de renombre internacional (pongamos un Stéreo Picnic como ejemplo cercano) sin tomar muy en cuenta el contexto de Quito. La idea de las preventas sin anunciar el cartel tiene mucho que ver con un tema de fidelidad a un festival, pero en este caso no caló porque nunca ha sido el modo del Fest. Las reacciones generales eran quejas por los precios y “encima” no sabían por lo que estaban pagando. También se quejaron por las bandas reclamando que ya no necesariamente son “actuales.” No fue una transición sutil en un mercado que ha sido calificado como uno de “cultura de gratuidad.”

La inasistencia, creemos, no pretende sabotear a este tipo de propuestas. Debemos construir una cultura donde se apoye a la escena musical en general, no necesariamente solo a la local. Y, aunque no tenemos la solución o la estrategia perfecta para que un festival de tal magnitud funcione, no queremos resentimiento como la aparente reacción de Garrido, “Dejar pasar esto pone en riesgo la permanencia del festival. En mi criterio, Quito se lo perdió.” Buscamos aprender de las lecciones, tanto las organizaciones como el público, y entender que es un “dando y dando”: ambos tienen el poder de construir y ampliar el alcance de las propuestas musicales.

 

SUSCRÍBETE A NUESTROS NEWS DE MUSIC