Cayambe, el Monumento de la Tierra

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Tras su visita en Ecuador, Humboldt escribió“Esta montaña puede ser considerada como uno de los monumentos con los cuales la Naturaleza ha hecho una gran diferencia en la Tierra.”

 

 

El sábado 16 de septiembre del 2017, un grupo de 24 personas nos aventuramos a intentar hacer cumbre del Cayambe. Llegamos alrededor de las 4pm al Refugio, donde teníamos que cenar a las 6pm (comimos muy rico y echamos muchas risas) para estar ya acostados a las 7pm e intentar dormir. La mayoría no pudimos dormir más de dos horas porque a las 11pm ya teníamos que estar levantados y vestidos. Cargados de varias capas de ropa que te quitan agilidad, todo el equipo y con la mochila lista, desayunamos, en la todavía noche, y empezamos el ascenso a las 12am del domingo 17.

Desde el minuto uno, el Cayambe no nos puso las cosas fáciles: una tormenta de escarcha marcó el primero de los obstáculos. Pero la emoción y adrenalina que sentíamos todos era mucho más fuerte que el viento y el frío. La vista de una fila larga de gente con linternas, alumbrando a la nieve, dando un paso atrás de otro, con un solo objetivo en común, fue algo realmente abrumador.

 

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Al llegar a los 5100-5200m (alrededor de las 5am) en Puntas Jarrín, el viento y tormenta eran casi insoportables (vean el video, es mi evidencia). Tal era el frío, que algunos de nosotros no quisimos ni intentamos sacarnos las mochilas para comer o tomar agua porque eso implicaba quitarse los guantes y eso no iba a pasar. Recargando energías con comida y bebida ajena (eso sí, que quede bien claro que el compañerismo en la montaña es algo increíble y necesario, más para poco experimentados, así que háganse amigos antes de empezar a ascender).

Paso a paso, manteniendo un solo ritmo, seguimos avanzando mientras llegaba el amanecer (una vista que mis ojos jamás olvidarán). Entre chistes, sufrimiento (las botas que alquilé me estaban matando), frío, hundidas en la nieve, pisadas de cuerda, hambre, sed y mucha ilusión, llegamos a la cumbre a las 7am. Si abajo hacía viento, no les puedo explicar cómo era en la cumbre (se me congeló la cara con la sonrisa dibujada, achachaaay). Como es lógico, nos quedamos un buen rato ahí arriba, a 5790m; congelándonos, abrazándonos, respirando, sonriendo, admirando, sufriendo (hablo por mí, por eso de las botas), riéndonos, gritando, tomando fotos y selfies.[/vc_column_text][vc_column_text]El Cayambe nos permitió subir a su cumbre y todos nos sentíamos dichosos, realizados y muy agradecidos con la tercera cumbre más alta del Ecuador. En el descenso todo fue menos dramático porque el frío ya no era tan intenso, ya había amanecido y hacía un poco de sol, pero fue igual de lindo que la subida. Es impresionante pensar que estuve en la nieve, en un volcán, a una altitud alucinante, con gente increíble.

 

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Como es de esperarse, todos llegamos al Refugio a cambiarnos, sacarnos las benditas botas, comer como locos y hablar entre nosotros de la experiencia inolvidable que habíamos compartido. La alta montaña no es para todos (hay que tener buen físico y buena cabeza), pero ojalá todos pudieran tener la oportunidad de hacerlo, de apreciar la majestuosidad y belleza de nuestras montañas, y de respetar la naturaleza como tal.

Ahora puedo entender perfectamente lo que quiso decir Humboldt con esa hermosa frase. Vi al mundo desde uno de los más hermosos monumentos de nuestro planeta.

Gracias a todos los presentes en esa inolvidable cumbre. Gracias Cayambe.

 

¿QUÉ SE NECESITA PARA HACER CUMBRE DEL CAYAMBE?

  • Muchísima convicción, ñeque, y sobre todo entrenamiento (acuérdense que es un ascenso que empieza desde los 4600m del Refugio Ruales Oleas Berge, hasta los 5790m de su cumbre central, llamada Cumbre Espinosa).
  • Guías certificados.
  • Equipo especial, sobre todo ropa caliente para cara, cuello y manos. Y equipo adecuado, todo tiene que ser a tu medida.
  • Comida por montones (para antes, durante y después).
  • Un grupo de amigos chéveres que compartan tu misma locura.
  • Actitud, demasiada actitud (créanme, el frío y viento son tenaces).
  • Amor por la montaña.

 

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